Son aproximadamente 9504 kilómetros de distancia los que nos separan a mi y a mi novia desde hace algunos meses, precisamente desde mayo. Aprovechando que yo iba a estar en Washington una semana en setiembre decidimos que podíamos vernos en Londres unos días, como sacándole la vuelta a nuestro esperado primer reencuentro, planeado para octubre (que finalmente no se dió, por razones que no valen la pena relatar aquí). Ella sólo podía pedir permiso en su trabajo un día, un viernes, y se quedaría hasta el lunes siguiente en la madrugada para poder llegar a trabajar ese mismo día, yo me quedaba unos días más.
Fue así que el viernes 12 de setiembre llegué a Londres desde Washington haciendo escala en Philadelphia. Ella no vive en Londres, ella llegaba ese mismo día, dos horas antes que yo y a otro aeropuerto de Londres, y por eso acordamos que ella iría a buscarme a Heathrow, el aeropuerto al que yo llegaría. El avión llegó puntual, y alrededor de las 11 de la mañana aparecí en el área de llegadas del aeropuerto, buscando su cara entre la multitud, pero no estaba ahí, así que me senté a esperarla, me pareció verla en tres ocasiones en tres chicas distintas que no eran ella. Dos horas después, asumiendo que había perdido su vuelo por alguna razón, y estando a punto de abrir la laptop para llamarla y preguntarle si iba a poder venir, apareció.
Iba a correr a abrazarla pero me di cuenta que ella no me había visto, y la deje pasar delante mío, fue tan extraño y al mismo tiempo tan familiar verla. Ella dice que le pasé la voz pero yo no dije nada, volteó de pronto a mirarme porque oyó mi voz, me dijo. Me dio el abrazo mas grande del mundo, y yo me sentí de pronto tan reconfortado, como cuando uno al echarse a la cama recién se da cuenta lo cansado que había estado, yo de pronto sentí lo mucho que me había hecho falta.
La pasamos muy bien en Londres, ninguno de nosotros conocía la ciudad así que fue todo nuevo para los dos, con mapas, preguntas, extravíos, referencias del lonely planet, búsquedas en internet y todo eso. Nos habíamos encontrado en el aeropuerto un viernes al mediodía y el lunes en la madrugada ella ya se tenía que ir, así que prácticamente desde que nos vimos nos estabamos también despidiendo.
Llegó el domingo en la noche, y ya estábamos empacando su maleta, despidiéndonos, tristes por la despedida pero felices por habernos visto, esa mezcla de sentimientos que nos había acompañado todo el tiempo en Londres. Para ir al aeropuerto había que tomar un taxi, luego un tren y luego un bus, en un viaje de casi dos horas, pues ibamos al aeropuerto más alejado de Londres pero de donde salía el único vuelo que le permitía llegar al trabajo ese mismo día.
Llegamos al aeropuerto con tiempo para que ella se chequee y luego comer algo mientras esperábamos que sea hora que entre a la sala de embarque, todo andaba bien hasta que llegó el momento en que ya tenía que irse, llegó el momento en que nos teníamos que despedir de verdad, y esas despedidas, las de verdad, son las más difíciles.
No recuerdo haberme sentido tan desorientado en toda mi vida, me pasó exactamente en el momento en que desapareció tras una pared de la zona de embarque despidiéndose moviendo la mano desde lejos, y regalándome una linda sonrisa para recordarla así. Me senté en la mesa donde habíamos estado sentados minutos antes, estuve ahí sólo un minuto porque me paré a ver si había vuelto para hacerme adiós desde las sala de embarque, no estaba ahí, me volví a sentar en la misma mesa, decidí no irme del aeropuerto hasta que en la pantalla su vuelo diga “DEPARTED”, tal vez su vuelo se postergaba una hora y podíamos vernos un rato más, o tal vez se suspendían todos los vuelos por un día, y podíamos vernos un día más, pero mientras elaboraba alguna catástrofe continental que pueda parar un aeropuerto, el vuelo ya había cambiado a “DEPARTED”, sin que me diera cuenta. Me paré y me di una vuelta por las filas de chequeo, tal vez perdió el vuelo que acababa de partir y tenía que tomar otro, pero no estaba ahí, di otra vuelta por las filas de chequeo, por si acaso, pero no la vi.
Salí del aeropuerto, compré el ticket del tren poder volver al hotel, pero antes de subir al bus que llevaba a la estación de trenes recordé que en el aeropuerto había una librería y podía comprar ahí una guía de Londres que me pareciá necesitaba, pero lo que necesitaba en verdad era un pretexto para volver a entrar. Mientras buscaba el libro y hacía fila para pagar, no podía evitar asomarme por entre la gente a ver si la veía, pero no la vi. Ya estaba amaneciendo por las grandes ventanas del aeropuerto, definitivamente era hora de irse. Sin pensarlo más decidí irme, subí al bus y ya estaba en camino al hotel.
Al salir de la estación de metro cercana al hotel ya era de día, con todo el movimiento de un lunes por la mañana, para mí era el final de un domingo muy largo y estaba muy cansado, me eché a dormir, muchas horas, desperté en la noche del lunes, en Londres y solo.
Estando juntos en Londres decíamos que luego que ella se fuera el lunes, y de que yo regrese a Perú, nos iba a pacercer mentira habernos visto después de tanto tiempo, y así fue. Si no fuera por las fotos que nos tomamos, y que repaso cada dos o tres días, no lo creería.
Hola.
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Un saludo.
DAVID T.
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